miércoles, 19 de noviembre de 2008

"SOLEDADES...DE BABEL O DIALÈCTICA DE LA SOLEDAD: SOLEDAD Y OTREDAD"



IN MEMORIAM: Para Octavio Paz en su aniversario luctuoso.



Las líneas que a continuación escribo, son un comentario sesgado, en torno a la soledad y que, como pretexto de la lectura de un poema de Benedetti: “Soledades”, me permito contraponer mi lectura que, en torno a la poética de la soledad, Octavio Paz nos ha aportado. Tal vez, sea ocioso mencionar dos de sus grandes obras: un ensayo de poética histórica: “Laberinto de la Soledad” y un gran poema: “Piedra de Sol”. Quienes estèn interesados en leer los poemas aludidos en estas líneas; no les será difícil encontrarlos en Google. No està por demás advertirles que no pretendo, ni con mucho, un análisis de los poemas en cuestión. Es, sobre todo, un comentario sesgado en torno a la soledad.



“Nuestra condición humana es: nacer solos y morir solos”
Octavio Paz

I


La soledad siempre ha sido uno de los temas centrales en la poesía y, no lo es menos, en la poesía en lengua española. Su sentido poético ha cambiado a lo largo de la historia. La soledad, concebida como retiro y apartamiento de la turbulencia de las ciudades, para regocijo y plenitud del espíritu en la paz y quietud del campo. (Góngora, Lope de Vega), pero también existe la soledad del místico, que es una forma de abandono y comunión con esa otra realidad: lo sagrado y lo divino (San Juan de la Cruz); la soledad como forma de abismarse en sí mismo, como forma de autoconocimiento: “las aguas del abismo/ donde me enamoraba de mí mismo” (Quevedo). Y a partir del siglo XIX con ese gran movimiento de rebelión romántico: Nietzsche, Marx, Freud y, en especial, los poetas “malditos o demoníacos”: Hölderlin, Novalis, Baudelaire, etc., la soledad se asume como conciencia de la angustia, fruto del desamparo y desesperanza del hombre moderno; como conciencia de la escisión del hombre y sus creaciones; como búsqueda de unidad entre conciencia e inocencia; como nostalgia de un ‘estado perdido’ en el que el hombre era uno con el mundo y sus creaciones.
Ya en pleno siglo XX, Antonio Machado, poeta, escritor y filósofo, atisbó acerca de los problemas fundamentales de nuestro tiempo y de la poesía. Concebía a la soledad como búsqueda de ‘otredad’, como sed de alteridad. Machado, nos dice, que “el hombre es: esencial heterogeneidad del ser”. El hombre y su soledad solo adquiere sentido en relación a los ‘otros’. El hombre en su soledad es búsqueda de trascendencia, el yo adquiere sentido en el tú, el ser es avidez de ser lo que ‘el no es’. La radical alteridad del hombre es la mujer. Antonio Machado nos proporciona en su “Juan de Mairena” una dialéctica de la soledad.
Antes de seguir con estos comentarios, quisiera abordar el poema de Benedetti.
II


¿Desde que tradición poética nos habla el poeta en su poema “Soledades”? Es claro, que el poeta no puede eludir o abordar el tema de la soledad sin considerar lo que nos han dicho otros poetas. ¿Qué nos aporta o revela el poema para la comprensión de la soledad del hombre en estos tiempos modernos? Si algo nos aporta la poesía, es el revelarnos aspectos vitales de nuestra condición humana; el proporcionarnos una visión con la cual se nos haga más habitable y comprensible el mundo. Es a través de la palabra, que se nos revela el sentido profundo y misterioso del mundo.
¿Qué nos quiere decir el poeta, cuando dice: Ellos tienen razón/ esa felicidad/ al menos con mayúscula/ no existe”? ¿Se refiere a todos aquellos poetas que cuestionaron y nunca creyeron en profetas y proveedores de geometrías políticas? ¿Se refiere a todos aquellos que siempre rechazaron a totalitarios y autoritarios de todo tipo: comunistas, fascistas, burócratas, misioneros, terroristas, revolucionarios y todos los demás déspotas, igualadores y sistematizadores o proveedores de ‘Felicidad organizada’? Si es así. Comprendo sus desilusión y desencanto ante el fracaso de las utopías políticas del siglo XX como formas de “comunión absoluta”; como formas de “salvación del individuo” en proyectos “utópicos y revolucionarios”; teniendo como horizonte una promisoria y “nueva sociedad”.
Así las cosas, la felicidad (con minúscula) será una consecuencia, así sea breve o instantánea, de los estados de plenitud (amor, alegría, etc.) Lo inverso, también es válido. Los estados de plenitud: amor alegría –formas de encuentro con los otros-, al igual que la soledad, son formas de felicidad. Al final del poema, no es extraño que el personaje del poema se pregunte: ¿y después de la soledad? y, a su vez, ponga esa pregunta en el lector del poema.
Será necesario acudir a otro poema del mismo autor para comprender lo que nos quiere decir el poeta: “Soledades de Babel”. Creo que el poema es mejor –al menos para mí- al de “Soledades”, que lo encuentro o percibo muy mediocre y con excesos de prosaísmo.
“Soledades de Babel” logra decirnos o mostrarnos la visión del poeta con más claridad sobre el tema de la soledad en las ciudades modernas de nuestro mundo contemporáneo. La parábola bíblica no podría ser mejor, para hacernos comprender su visión. Es más, con este poema se hace más comprensible su poema “Soledades”. No comparto su relativismo de solitarios, de solitarios que se saben solos, de individuos que son presos de su propia soledad; presos en su ‘torre de Babel’; presos en su lengua de solitarios. El poeta o el personaje del poema ¿es el mismo? No logra escapar a la dicotomía o contradicción entre comunión y soledad, que forma parte de otra serie de dualidades: individuo y sociedad, pasión y conocimiento, poesía e historia, canto y reflexión, amor y erotismo, etc. Cierto, el fenómeno de la soledad en las ciudades modernas es un hecho indiscutible. La ciudad se ha convertido, a partir de la segunda mitad del siglo XX, en uno de los grandes temas de la poesía y ha sido tema de grandes poetas: Cernuda, García Lorca, Xavier Villaurrutia, Octavio Paz, Eugenio Montejo, T.S. Eliot, y un largo etc.
“Soledades de Babel” nos muestra una ciudad habitada por solitarios que se saben solos, que están presos en su propio laberinto de la soledad, pero… ¿Cuál es nuestro hilo de Ariadna?

Así/ diseminados pero juntos
Cercanos pero ajenos/solos codo con codo
Cada una en su burbuja/ insolidarios
Envejecen mezquinos como islotes

III

“Hay que saber estar solo para saber estar con los demás”
Octavio Paz



Antonio Machado, pero sobretodo, Octavio Paz ( con su poética de la ciudad); nos han proporcionado una respuesta diferente a uno de los problemas cruciales de la poesía contemporánea. Esto nos ha permitido pensar con más claridad el tema de la soledad en las ciudades moderna de nuestro siglo XX a la fecha. Si partimos del hecho de que soledad y comunión son formas vitales de estar en el mundo para el individuo. Con Machado, la soledad solo adquiere sentido con la otredad, con la búsqueda esencial de alteridad: con la búsqueda y encuentro con los otros. La soledad, como conciencia de soledad, presupone a los otros como conciencia de la separación y desligamiento del yo con respecto al tú, de un yo cercenado de un nosotros. No existe soledad pura; toda soledad presupone la alteridad u otredad.

“El conocimiento de nosotros mismos se manifiesta como un sabernos solos; entre el mundo y nosotros se abre una impalpable, transparente muralla: la de nuestra conciencia.”
“Laberinto de la Soledad” Octavio Paz
Octavio Paz, heredero de tradiciones poéticas diversas: como la barroca (Quevedo, Lope de Vega, Góngora); la romántica (Novalis, Baudelaire) y de la poesía modernista, así como del pensamiento de Machado, Paz escribe un poema: “Piedra de Sol”, que es uno de los grandes poemas del siglo XX que se hayan escrito en lengua española; comparable a otro gran poema “The Waste Land” de T.S. Eliot. En ese poema, aborda el tema de la soledad de tal forma que, no se puede escribir sobre el tema de la soledad y la ciudad, sin considerar el gran aporte de este poema. Poema en el que se alía canto y reflexión, poesía y conocimiento, poesía e historia de una manera excepcional.

“los otros todos que nosotros somos…
Los otros que no son si yo no existo,
Los otros que me dan plena existencia.”
(…)

Ten un rostro
Para mirar mi rostro y que te mire,
Para mirar la vida hasta la muerte.
“Piedra de Sol”
Octavio Paz


“El hombre soledad, el hombre comunión, el hombre amor, el hombre desesperanza, el hombre libertad, se expresan en la palabra y no es que la palabra se reduzca a una mera expresión de lo que el hombre piensa o siente, sino que es, por definición, la esencia misma que lo constituye. Hombre equivale a palabra, a lenguaje, a poema.”
“Poesía y conocimiento” Ramón Xirau

Bueno, hasta aquí termina lo que no dejar ser un pequeño acercamiento al tema de la soledad y a la poética de Octavio Paz. La poesía de Paz es muy vasta y sus horizontes rebasan mi capacidad. Pero, queden pues, éstas líneas como testimonio de mi admiración a este gran poeta.
Salud!!!!

lunes, 18 de agosto de 2008

Octavio Paz: "Mi vida con la ola" (Cuento)

OCTAVIO PAZ: IN MEMORIAN



En el dècimo aniversario de su fallecimiento: ( 19-Abril 1998)



En esta entrada, me permito compartirles el siguiente cuento de Octavio Paz, que aparece en: "Àguila o Sol" y forma parte de su libro que contiene su obra poètica que va de (1935-1957) : "Libertad bajo palabra". El cuento, gènero literario, en el cuàl tambièn incursionò, este escritor excepcional en nuestas letras mexicanas.







"MI VIDA CON LA OLA"



Cuando dejè aquel mar, una ola se adelanto entre todas. Era esbelta y ligera. A pesar de los gritos de las otras, que la detenían por el vestido flotante, se colgó de mi brazo y se fue conmigo saltando. No quise decirle nada, porque me daba pena avergonzarla ante sus compañeras. Además, las miradas coléricas de las mayores me paralizaron.Cuando llegamos al pueblo, le expliqué que no podía ser, que la vida en la ciudad no era lo que ella pensaba en su ingenuidad de ola que nunca ha salido del mar. Me mirò seria: "Su decisión estaba tomada. No podía volver." Intentè dulzura, dureza, ironía. Ella llorò, gritò, acaricio, amenazò. Tuve que pedirle perdón. Al día siguiente empezaron mis penas. ¿Cómo subir al tren sin que nos vieran el conductor, los pasajeros, la policía? Es cierto que los reglamentos no dicen nada respecto al transporte de olas en los ferrocarriles, pero esa misma reserva era un indicio de la severidad con que se juzgaría nuestro acto.Tras de mucho cavilar me presente en la estación una hora antes de la salida, ocupé mi asiento y, cuando nadie me veía, vacié el depósito de agua para los pasajeros; luego, cuidadosamente, vertí en él a mi amiga.El primer incidente surgió cuando los niños de un matrimonio vecino declararon su ruidosa sed. Les salí al paso y les prometí refrescos y limonadas. Estaban a punto de aceptar cuando se acerco otra sedienta. Quise invitarla también, pero la mirada de su acompañante me detuvo. La señora tomo un vasito de papel, se acerco al depósito y abrió la llave. Apenas estaba a medio llenar el vaso cuando me interpuse de un salto entre ella y mi amiga. La señora me miro con asombro. Mientras pedía disculpas, uno de los niños volvió abrir el depósito. Lo cerré con violencia.La señora se llevo el vaso a los labios: -Ay el agua esta salada. El niño le hizo eco. Varios pasajeros se levantaron. El marido llamo al Conductor: -Este individuo echó sal al agua. El Conductor llamo al Inspector: -¿Conque usted echó substancias en el agua? El Inspector llamo al Policía en turno: -¿Conque usted echo veneno al agua? El Policía en turno llamo al Capitán: - ¿Conque usted es el envenenador? El Capitán llamo a tres agentes. Los agentes me llevaron a un vagón solitario, entre las miradas y los cuchicheos de los pasajeros. En la primera estación me bajaron y a empujones me arrastraron a la cárcel. Durante días no se me hablo, excepto durante los largos interrogatorios. Cuando contaba mi caso nadie me creía, ni siquiera el carcelero, que movía la cabeza, diciendo: "El asunto es grave, verdaderamente grave. ¿No había querido envenenar a unos niños?" Una tarde me llevaron ante el Procurador. -Su asunto es difícil -repitió-. Voy a consignarlo al Juez Penal. Así pasò un año. Al fin me juzgaron. Como no hubo víctimas, mi condena fue ligera. Al poco tiempo, llego el día de la libertad. El Jefe de la Prisión me llamo: -Bueno, ya está libre. Tuvo suerte. Gracias a que no hubo desgracias. Pero que no se vuelva a repetir, porque la próxima le costara caro... Y me miro con la misma mirada seria con que todos me veían.Esa misma tarde tome el tren y luego de unas horas de viaje incómodo llegue a México. Tome un taxi y me dirigí a casa. Al llegar a la puerta de mi departamento oí risas y cantos. Sentí un dolor en el pecho, como el golpe de la ola de la sorpresa cuando la sorpresa nos golpea en pleno pecho: mi amiga estaba allí, cantando y riendo como siempre. -¿Cómo regresaste? -Muy fácil: en el tren. Alguien, después de cerciorarse de que sólo era agua salada, me arrojo en la locomotora. Fue un viaje agitado: de pronto era un penacho blanco de vapor, de pronto caía en lluvia fina sobre la máquina. Adelgace mucho. Perdí muchas gotas. Su presencia cambio mi vida. La casa de pasillos obscuros y muebles empolvados se lleno de aire, de sol, de rumores y reflejos verdes y azules, pueblo numeroso y feliz de reverberaciones y ecos.¡Cuántas olas es una ola o como puede hacer playa o roca o rompeolas un muro, un pecho, una frente que corona de espumas! Hasta los rincones abandonados, los abyectos rincones del polvo y los detritus fueron tocados por sus manos ligeras. Todo se puso a sonreír y por todas partes brillaban dientes blancos. El sol entraba con gusto en las viejas habitaciones y se quedaba en casa por horas, cuando ya hacía tiempo que había abandonado las otras casas, el barrio, la ciudad, el país. Y varias noches, ya tarde, las escandalizadas estrellas lo vieron salir de mi casa, a escondidas. El amor era un juego, una creación perpetua. Todo era playa, arena, lecho de sábanas siempre frescas. Si la abrazaba, ella se erguía, increíblemente esbelta, como tallo liquido de un chopo; y de pronto esa delgadez florecía en un chorro de plumas blancas, en un penacho de risas de caían sobre mi cabeza y mi espalda y me cubrían de blancuras. O se extendía frente a mí, infinita como el horizonte, hasta que yo también me hacia horizonte y silencio. Plena y sinuosa, me envolvía como una música o unos labios inmensos. Su presencia era un ir y venir de caricias, de rumores, de besos. Entraba en sus aguas, me ahogaba a medias y en un cerrar de ojos me encontraba arriba, en lo alto del vértigo, misteriosamente suspendido, para caer después como una piedra, y sentirme suavemente depositado en lo seco, como una pluma. Nada es comparable a dormir mecido en las aguas, si no es despertar golpeado por mil alegres látigos ligeros, por arremetidas que se retiran riendo.Pero jamás llegue al centro de su ser. Nunca toque el nudo del ay y de la muerte. Quizá en las olas no existe ese sitio secreto que hace vulnerable y mortal a la mujer, ese pequeño botón eléctrico donde todo se enlaza, se crispa y se yergue, para luego desfallecer. Su sensibilidad, como las mujeres, se propagaba en ondas, solo que no eran ondas concéntricas, sino excéntricas, que se extendían cada vez más lejos, hasta tocar otros astros. Amarla era prolongarse en contactos remotos, vibrar con estrellas lejanas que no sospechamos. Pero su centro... no, no tenía centro, sino un vacìo parecido al de los torbellinos, que me chupaba y me asfixiaba.Tendido el uno al lado de otro, cambiábamos confidencias, cuchicheos, risas. Hecha un ovillo, caía sobre mi pecho y allí se desplegaba como una vegetación de rumores. Cantaba a mi oído, caracola. Se hacía humilde y transparente, echada a mis pies como un animalito, agua mansa. Era tan límpida que podía leer todos sus pensamientos. Ciertas noches su piel se cubría de fosforescencias y abrazarla era abrazar un pedazo de noche tatuada de fuego. Pero se hacia también negra y amarga. A horas inesperadas mugía, suspiraba, se retorcía. Sus gemidos despertaban a los vecinos. Al oírla el viento del mar se ponía a rascar la puerta de la casa o deliraba en voz alta por alas azoteas. Los días nublados la irritaban; rompía muebles, decía malas palabras, me cubría de insultos y de una espuma gris y verdosa. Escupía, lloraba, juraba, profetizaba. Sujeta a la luna, las estrellas, al influjo de la luz de otros mundos, cambiaba de humor y de semblante de una manera que a mí me parecía fantástica, pero que era tal como la marea.Empezó a quejarse de soledad. Llene la casa de caracolas y conchas, pequeños barcos veleros, que en sus días de furia hacia naufragar (junto con los otros, cargados de imágenes, que todas las noches salían de mi frente y se hundía en sus feroces o graciosos torbellinos). ¡Cuantos pequeños tesoros se perdieron en ese tiempo! Pero no le bastaban mis barcos ni el canto silencioso de las caracolas. Confieso que no sin celos los veía nadar en mi amiga, acariciar sus pechos, dormir entre sus piernas, adornar su cabellera con leves relámpagos de colores. Entre todos aquellos peces había unos particularmente repulsivos y feroces, unos pequeños tigres de acuario, grandes ojos fijos y bocas hendidas y carniceras. No sé por què aberración mi amiga se complacía en jugar con ellos, mostrándoles sin rubor una preferencia cuyo significado prefiero ignorar. Pasaba largas horas encerrada con aquellas horribles criaturas.Un día no pude más; eche abajo la puerta y me arroje sobre ellos. Àgiles y fantasmales, se me escapaban entre las manos mientras ella reía y me golpeaba hasta derribarme. Sentí que me ahogaba. Y cuando estaba a punto de morir, morado ya, me deposito en la orilla y empezó a besarme, y humillado. Y al mismo tiempo la voluptuosidad me hizo cerrar los ojos. Porque su voz era dulce y me hablaba de la muerte deliciosa de los ahogados.Cuando volví en mi, empecé a temerla y a odiarla. Tenía descuidados mis asuntos. Empecé a frecuentar los amigos y reanude viejas y queridas relaciones. Encontré a una amiga de juventud. Haciéndole jurar que me guardaría el secreto, le conté mi vida con la ola. Nada conmueve tanto a las mujeres como la posibilidad de salvar a un hombre.Mi redentora empleo todas sus artes, pero, ¿qué podía una mujer, dueña de un número limitado de almas y cuerpos, frente a mi amiga, siempre cambiante - y siempre idéntica a sí misma en su metamorfosis incesantes? Vino el invierno. El cielo se volvió gris. La niebla cayó sobre la ciudad. Llovía una llovizna helada. Mi amiga gritaba todas las noches. Durante el día se aislaba, quieta y siniestra, mascullando una sola silaba, como una vieja que rezonga en un rincón. Se puso fría; dormir con ella era tirar toda la noche y sentir como se helaba paulatinamente la sangre, los huesos, los pensamientos. Se volvió impenetrable, revuelta. Yo salía con frecuencia y mis ausencias eran cada vez más prolongadas. Ella, en su rincón, aullaba largamente. Con dientes acerados y lengua corrosiva roía los muros, desmoronaba las paredes. Pasaba las noches en vela, haciéndome reproches. Tenía pesadillas, deliraba con el sol, con un gran trozo de hielo, navegando bajo cielos negros en noches largas como meses. Me injuriaba. Maldecía y reía; llenaba la casa de carcajadas y fantasmas. Llamaba a los monstruos de las profundidades, ciegos, rápidos y obtusos. Cargada de electricidad, carbonizaba lo que rozaba. Sus dulces brazos se volvieron cuerdas ásperas que me estrangulaban. Y su cuerpo verdoso y elástico, era un látigo implacable, que golpeaba, golpeaba, golpeaba. Huí. Los horribles peces reían con risa feroz. Allá en las montañas, entre los altos pinos y los despeñaderos, respire el aire frìo y fino como un pensamiento de libertad. Al cabo de un mes regresé. Estaba decidido. Había hecho tanto frío que encontré sobre el mármol de la chimenea, junto al fuego extinto, una estatua de hielo. No me conmovió su aborrecida belleza. Le eché en un gran saco de lona y salí a la calle, con la dormida a cuestas. En un restaurante de las afueras la vendí a un cantinero amigo, que inmediatamente empezó a picarla en pequeños trozos, que depositó cuidadosamente en las cubetas donde se enfrían las botellas.

domingo, 10 de agosto de 2008

MITOS REVISITADOS V: Josè De la Colina

TESEO (El mito del laberinto y el Minotauro)


Días y noches y años dando vueltas con la espada oxidándosele en la mano buscó al monstruo en el Laberinto y murió de hambre y fatiga sin saber que allí no había más monstruo que el mismo Laberinto.

martes, 1 de julio de 2008

EUGENIO MONTEJO (IN MEMORIAM)





EUGENIO MONTEJO (IN MEMORIAM) 1938-2008



A continuaciòn, me permito escribir unas lìneas in memoriam de Eugenio Montejo, por su lamentable muerte.



He leìdo poco de Montejo, lo descubrì no hace mucho. Aùn asì, arriesgo este comentario. Ojalà, propicie un acercamiento a la obra poètica de este, creo, gran poeta. La poesìa de Montejo nace de la contradicciòn entre una època plena de cosas y vacìa de sentido, de una sociedad en la que, como dice Machado: "todo necio confunde valor y precio", de una sociedad en la que ha perdido el sentido y el valor que adquiere para el hombre: el tiempo, el aire, el agua...etc., y que, en otras sociedades, fueron sagradas y gratuitas; la poesìa de Montejo es un intento de revalorar "la funciòn salvadora de la memoria, la capacidad de comunicarse con lo remoto y de ponerlo en relaciòn con el instante." (A. Del toro).



Montejo a travès de sus poemas, supo mostrarnos el caràcter inefable,misterioso y sagrado de la poesìa. Nos dice Montejo: "Vuelve a tus dioses profundos,/ estàn inctactos,/estàn al fondo con sus llamas esperando;/ningùn soplo del viento los apaga./Los silenciosos dioses pràcticos/ocultos en la porosidad de las cosas" (Terredad) Estos versos me recuerdan algo que decìa Heidegger:



"...llegamos demasiado tarde para los dioses y demasiado pronto para el Ser. El hombre es el poema que el Ser ha empezado." y en otro texto, nos dice:"...la poesìa no es un adorno que acompaña la existencia humana, ni solo una pasajera exaltaciòn ni un acaloramiento y diversiòn. La poesìa es el fundamento que soporta la historia y por ello no es tampoco una manifestaciòn de la cultura, y menos aùn la mera 'expresiòn' del 'alma de la cultura'. Heidegger (Hölderlin y la esencia de la poesìa)



En fin...creo que los siguientes versos podrìan servir como epitafio de este, el tiempo lo dirà, gran poeta:



"Serè un cadàver como ahora lo soy,/cavilador, absorto en lo sagrado,/pero liviano y fàcil de llevar:/en una carroza, en un blanco navìo,/con lamento de corno o de fagot,/al monòtono croar de los sapos..." (Muerte y memoria) E.Montejo



¡¡Salud!!

martes, 17 de junio de 2008

MITOS REVISITADOS IV: Josè De la Colina




LAS SIRENAS


Una versiòn distinta de la Odisea cuenta que la tripulaciòn se perdiò porque Ulises habìa ordenado a sus compañeros que se taparan los oìdos para no oìr el pèrfido si bien dulce canto de las Sirenas, pero olvidò indicarles que cerraran los ojos.

Y como ademàs las sirenas de formas generosas sabìan danzar...

lunes, 9 de junio de 2008

"MITOS REVISITADOS III" Josè De la Colina







La bella durmiente

El príncipe despertador besó a la bella durmiente, que despertó mientras él se dormía, y ella entonces lo besó a él, que despertó mientras ella volvía a dormir,
y entonces él...

viernes, 6 de junio de 2008

"MITOS REVISITADOS II" por Josè De la Colina



ORFEO BUSCA A EURÍDICE
Habiendo perdido a Eurídice, Orfeo la lloró largo tiempo, y su llanto fue volviéndose canciones que encantaban a todos los ciudadanos, quienes le daban monedas y le pedían encores. Luego fue a buscar a Eurídice al infierno, y allí cantó sus endechas ante Plutón.
Plutón escuchó con placer y le dijo:
—Te devuelvo a tu esposa, pero sólo podrán los dos salir de aquí si en el camino ella te sigue y nunca te vuelves a verla, porque la perderías para siempre.
Y echaron los dos esposos a andar, él mirando hacia delante y ella siguiendo sus pasos...
Mientras andaban y a punto de llegar a la salida, recordó Orfeo aquello de que los Dioses infligen desgracias a los hombres para que tengan asuntos que cantar, y sintió nostalgia de los aplausos y los honores y las riquezas que le habían logrado las elegías motivadas por la ausencia de su esposa.
Y entonces con el corazón dolido y una sonrisa de disculpa volvió el rostro y miró a Eurídice.