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domingo, 19 de abril de 2009

"Reflexiones sobre la muerte" (Comentario p/la radio)



Las preguntas y reflexiones acerca de la muerte, son tan antiguas como el hombre mismo. De igual manera, las respuestas que a lo largo de los siglos nos han dado las religiones y filosofías.
Los individuos al adquirir conciencia y certeza de nuestra muerte, como algo intransferible e ineluctable, revaloramos la filosofía de nuestra vida. Pues, ¿qué es la filosofía?: una continua interrogación acerca de la vida y sus aspectos cruciales --entre ellos, el de la muerte, es decir, el ya no estar más en esta vida. Así las cosas, gran parte de nuestros empeños: actos, obras, palabras, sueños, etc., tal vez sean, una forma de resistencia ante la muerte que nos es ineluctable.
Sin embargo, a pesar de saber que vamos a morir; que ya no vamos a estar más en este mundo, la muerte no ha perdido su carácter misterioso e inescrutable. Tal vez, sea por ello que la religión nos haya dado respuestas, acerca del "más allá de la muerte". Me pregunto: ¿Nuestras creencias religiosas siguen siendo un "alivio" o "consuelo" para nuestra muerte? Tal vez lo sean. Pero lo importante es, que valor y sentido le damos a nuestra vida, al dárselo se lo damos a nuestra muerte. Desde que nacemos, la muerte es la sombra que nunca nos abandona.
"Nuestra muerte ilumina nuestra vida. Si nuestra muerte carece de sentido, tampoco lo tuvo nuestra vida."
Octavio Paz "Laberinto de la soledad"
Es necesario dejarnos de atormentar o angustiar por la muerte en el sentido negativo: por el temor a perder los "goces de esta vida", por el temor a nunca más estar con aquellas personas amadas o por perder aquellas que nos arrebatará la muerte.
Así es que, pensar sobre la muerte es pensar sobre la vida: "dime como vives y te diré como mueres".

¿Cual es la vida que llevamos en estos tiempos modernos?
Vivimos la continua uniformidad y estandarización de nuestros hábitos y estilos de vida, estimulados con afanes cada vez más mercantilistas. Se nos impone un frívola preocupación por "patrones o estereotipos de belleza y salud", un "fetichismo del cuerpo" cada vez mas descarnado y despojado de erotismo; más bien cercano a una pornografía barata, sirva como ejemplo: "reality show", "Big Brother's", como formas de "voyeurismo colectivo", un "hedonismo y consumismo" cada vez más desenfrenado. Hoy como nunca, disponemos en el mercado de mayores "cosas y objetos" que consumir. ¿Tenemos tiempo para disfrutarlas? ¿Cuál es el sentido de la vida o los valores que nos ofrece la sociedad en que vivimos? Todo esto, tal vez; sea motivo para otra colaboración.
De antemano gracias al público radioescucha, por su tolerancia y su paciencia, para con estas líneas.

lunes, 3 de marzo de 2008

BALTASAR GRACIÀN: "ORÀCULO MANUAL O EL ARTE DE LA PRUDENCIA"



(Breviario)


BALTASAR GRACIÀN. (1601-1658)
(Título original del libro: “Oráculo manual o El arte de la Prudencia”)
Este libro fue publicado en el año de l647, texto en el cual aborda temas que hoy en día siguen siendo importantes: la amistad, la reflexión en el trato con los otros, la rectitud en nuestro trato con los demás, la cortesía, y una serie de actitudes morales para con la vida y los otros. Gracián junto con Quevedo (1580-1645), podrían ser considerados como los escritores más importantes del Barroco español. Estos breves textos están inscritos en la más profunda tradición humanista de autores moralistas como Cicerón (106-43 a.c.), Séneca (4-65 d.c.), Erasmo de Rotterdam (1466-1536) y Montaigne (1533-1592). Esta pequeña selección de textos refrenda aquello que se dice de la filosofía: Las grandes interrogaciones filosóficas en torno a la condición del hombre: la muerte, el tiempo, la amistad, los vicios o virtudes, etc., y con ello las diferentes respuestas que nos han proporcionado estos autores en las diferentes épocas; son respuestas que, como dice Savater, “nos permiten convivir racionalmente con estas interrogantes aunque sigamos replanteándonoslas una y otra vez”. Sirva esta pequeña selección, como una manera de abrevar en la fuente de algunos autores de otras épocas. Hoy en día, ya unos clásicos.


· Manejar los asuntos con expectación. El misterio en todo, por su mismo secreto, provoca veneración. Tampoco en el trato se deben dejar ver los pensamientos íntimos a todos. El silencio es refugio de la cordura.
· Hacerse indispensable. No hace sagrada la imagen el que la pinta y adorna, sino el que la adora. Mas se saca de la dependencia que de la cortesía; el satisfecho vuelve inmediatamente las espaldas a la fuente, y la naranja exprimida cae del oro al lodo: acabada la dependencia acaba la correspondencia, y con ella la estima.
· Estar en el culmen de la perfección. No se nace hecho. Cada día uno se va perfeccionando en lo personal y en lo laboral. Esto se conoce en lo elevado del gusto, en la pureza de la inteligencia, en lo maduro del juicio, en la limpieza de la voluntad.
· Tratar con quien se pueda aprender. El trato amigable debe ser una escuela de erudición, y la conversación una enseñanza culta. Hay que hacer de los amigos, maestros, y compenetrar lo útil del aprendizaje con lo gustoso de la conversación.
· El fondo y la forma. Lo más estimado en la vida es un comportamiento cortés. Hablar y portarse de buen modo resuelve cualquier situación difícil.
· Ser hombre de su época. Los hombres de rara eminencia dependen de la época en que viven. No todos tuvieron la que merecían y muchos que la tuvieron no acertaron a disfrutarla. Algunos fueron dignos de mejor época, pues no todo lo bueno triunfa siempre. Las cosas tienen su tiempo, incluso las eminencias dependen del gusto de época. Pero la sabiduría lleva ventaja: es eterna, y si éste no es su tiempo lo serán otros muchos.
· Saber apartarse. Es una gran lección de la vida el saber negar, pero lo es mayor el negarse uno mismo, tanto en los negocios como en el trato personal. Para ser prudente no basta no ser entrometido: hay que procurar que no te entrometan. Incluso de los amigos no se debe abusar, ni querer más de ellos de lo que den. La demasía es vicio, y mucho más en el trato
· Cuanto mayor fondo tiene el hombre tanto tiene de persona. Como los brillos interiores y profundos del diamante, lo interior del hombre siempre debe valer el doble que lo exterior. Hay sujetos que solo son fachada, como casas sin acabar porque faltó caudal: tienen la entrada de palacio y de choza las habitaciones. No hay en éstos dónde descansar, o todo descansa, porque tras el saludo se acabó la conversación.
· Nunca perder el respeto a sí mismo. Que deje de hacer lo indecente más por el temor de su propia cordura que por el rigor de la autoridad ajena.
· Saber elegir. Vivir e saber elegir. Se necesita buen gusto y un juicio rectísimo, pues no son suficientes el estudio y la inteligencia. No hay perfección donde no hay elección. Ella tiene dos ventajas: poder escoger y elegir lo mejor.
· Saber negar. No se debe conceder todo, ni a todos. Tanto importa saber negar como saber conceder y en los que mandan es una prudencia necesaria. Y aquí interviene la forma: más se estima el no de algunos que el sí de otros, porque un no dorado satisface más que un sí a secas. No se deben negar de golpe las cosas, pues es mejor una decepción a sorbos.
· Cultura y refinamiento. El hombre nace bárbaro; debe cultivarse para vencer a la bestia. La cultura nos hace personas, y más cuanto mayor es la cultura. Nada cultiva más que el saber.
· No cansar. Suele ser pesado el hombre de un solo asunto y el que habla de un solo tema. La brevedad agrada y es útil: gana por lo cortés lo que pierde por lo corto. Lo bueno, si breve, dos veces bueno; incluso lo malo, sí poco, no tan malo.
· Atajo para ser una verdadera persona: saberse relacionar. Es muy eficaz el trato se comunican las costumbres y los gustos, se contagia el carácter e incluso, sin sentir, la inteligencia. Debe procurar el impetuoso juntarse con el reflexivo, y así en los demás caracteres. Con esto conseguirá la moderación sin violentarse. Es conveniente usar esta práctica advertencia al elegir amigos y servidores.
· Ganar fama de cortés. La cortesía es la parte principal de la educación, es un tipo de hechizo. Gana la aceptación de todos, del mismo modo que la descortesía atrae el desprecio y el enfado general. La cortesía siempre debe ser más que menos, pero no igual con todos pues degeneraría en injusticia. Cuesta poco y vale mucho. El que honra es honrado. La galantería y la honra tienen esta ventaja: las dos se quedan, galantería en quien la usa y la honra en quien la hace.
· No ser un registro de faltas ajenas. Ocuparse de las faltas ajenas es señal de tener maltrecha la fama propia. Algunos querrían disimular, si no lavar, las manchas propias con las de los otros; o se consuelan, que es el consuelo de los necios.
· Poseer el arte de conversar. Pertenece a las auténticas personas. En ninguna actividad humana se necesita más la prudencia, pues es la más común de la vida. Algunos creen que el arte de conversar es no tener arte y que la conversación debe ser holgada como la ropa. Así debe entenderse entre los muy amigos. Cuando tiene lugar entre personas de respeto debe ser más sustancial e indicar la mucha importancia de la persona. Para acertar en esto hay que ajustarse al carácter e inteligencia de los que intervienen. Al hablar importa más la discreción que la elocuencia.
· Ni creer ni querer fácilmente. El buen juicio se conoce por la lentitud al creer. Como mentir es ordinario, es mejor que creer sea algo extraordinario. El que se movió con ligereza después se avergüenza. Pero no se debe manifestar duda de las palabras del otro, pues más que descortesía es insulto al llamar con ello al interlocutor o engañado o engañador. Pero éste no es el mayor inconveniente puesto que no creer es indicio de mentir, porque el mentiroso tiene dos males: ni cree ni es creído. El oyente prudente no juzga de inmediato. Un autor dice que también es un tipo de imprudencia querer con facilidad. ( “Sobre la amistad”, Cicerón)
· Elegir a los amigos. Serán amigos los examinados por la discreción, los probados por la fortuna, y los aprobados en voluntad y entendimiento. Aunque es el acierto más importante de la vida, es el que menos se cuida: algunos son entrometidos y la mayoría casuales. Cada uno es definido por los amigos que tiene, pues nunca el sabio congenió con los ignorantes. Que uno guste no es prueba de intimidad, pues puede proceder más del buen rato de diversión que de la seguridad en sus capacidades. Hay amistades legítimas y otras adulterinas; éstas sirven para disfrutar y aquellas para tener muchos aciertos. Hay pocos amigos de la persona y muchos de la suerte. Es más útil el buen entendimiento de un amigo que muchas buenas voluntades de otros. Por eso es mejor que haya elección y no suerte.
· No engañarse sobre la condición de las personas, que es el peor y más fácil engaño. Más vale ser engañado en el precio que en la mercancía. No hay cosa que más necesite una mirada en el interior. Hay diferencia entre entender las cosas y conocer a las personas. Es elevada filosofía entender los caracteres y distinguir los humores de los hombres. Tan necesario como haber estudiado los libros es conocer la condición de las personas.
· Saber valerse de los amigos. Se necesita sensatez, tacto e ingenio. Unos son buenos para estar lejos y otros cerca, el que no fue bueno para la conversación lo es para la correspondencia. La distancia puede hacer aceptables algunos defectos que, en presencia, eran intolerables. No solo hay que procurar obtener placer de los amigos, sino utilidad. Pocos sirven para buenos amigos y el no saberlos elegir reduce aún más el número. Saberlos conservar es más importante que hacer amigos. No hay desierto como vivir sin amigos. La amistad multiplica los bienes y reparte los males. Ella es el único remedio contra la suerte adversa y es un desahogo del alma.
· Hablar con prudencia. Siempre hay tiempo para soltar las palabras, pero no para retirarlas. Hay que hablar como en los testamentos: cuantas menos palabras, menos pleitos.
· Evitar familiaridades en el trato. No se deben usar ni permitir. El que se allana pierde la dignidad que le daba su gravedad, y la estima tras ella. Los astros, al no rozarse con nosotros, se conservan en su esplendor. La excelencia pide decoro. Toda familiaridad facilita el desprecio. Cuanto más se tienen las cosas humanas, se tienen en menos, porque con el trato se descubren las imperfecciones que, recatadas, estaban encubiertas. No es conveniente allanarse con nadie: con los superiores por el peligro, con los inferiores por la indecencia. La facilidad excesiva es un tipo de vulgaridad.
· No dejarse llevar de la primera impresión. Algunos se casan con la primera información: las demás son concubinas. La mentira siempre se adelanta, con lo que la verdad no tiene sitio después. Ni la voluntad ni la inteligencia se deben llenar con la primera impresión: indica poco fondo. La capacidad de algunos es como una vasija nueva: se impregna del primer olor, tanto del licor malo como del bueno. Es pernicioso que los demás conozcan esta limitación pues da pie a estratagemas maliciosas: los malintencionados se anticipan y se tiñen del color de la credulidad. Dejarse impresionar demuestra incapacidad y está cerca de la pasión.

· Hasta aquí termina lo que podríamos llamar, una pequeña selección de los 300 breves textos que contiene la obra de Gracián, “Oráculo manual ó El arte de la Prudencia”. Es importante considerar, que a pesar de la brevedad, no dejan de ser sugerentes para una interpretación más profunda, a pesar de su carácter no sistemático y repetitivo. Pero como decía al principio, es necesario contextuar la obra de Gracián, dentro de la tradición de escritores moralistas, como Cicerón, Séneca, Montaigne, Erasmo de Rotterdam, etc. Mismos que abordan temas cruciales para la vida del hombre contemporáneo moderno; cuyas respuestas siguen siendo vigentes y que, por el mismo motivo, los consideramos clásicos. Valga lo anterior, como una pequeña conversación con autores de otras épocas.

Elogio de la lectura

Retirado en la paz de estos desiertos
Con pocos, pero doctos, libros juntos
Vivo en conversación con los difuntos
Y escucho con los ojos abiertos a los muertos.
Quevedo




martes, 26 de febrero de 2008

BORGES. Entre la metafìsica, el mito y lo fantàstico











A continuaciòn, mi comentario a la obra de Borges y mi rèplica a la lectura "La casa de Asteriòn" de otro Blog, su link: http://www.franciscomendez.blogspot.com/.




Ulises: Borges siempre será un escritor imprescindible en toda conversación que tenga por objeto a nuestra literatura hispanoamericana; y la conversación que animas con tus aportaciones, curiosidad e inteligencia , en ésta tu casa “virtual”, me estimula para compartir mi opinión acerca de la obra literaria de Borges y, en particular, de tu lectura del cuento: “ La casa de Asteriòn”. Sé que no poseo las cualidades de un crítico literario, ni mucho menos; pero lo hago en calidad de lector al cual le apasiona, como a muchos, la literatura como una forma de creación y recreación de la lengua española.



La obra de Borges, con sus ensayos, cuentos y poemas ; es en sí misma, todo un universo literario en el cual llegamos a percibir vasos comunicantes entre ellos, en la que con una prosa brillante e inquisitiva en torno a determinados temas que le son propios y reiterativos, distinguen al universo literario borgesiano: El tiempo y su continua sucesión, la inmortalidad, la disolución del yo, el universo como algo infinito, la historia que deja de ser progresiva para convertirse en circular (¿mito del eterno retorno?), sus disquisiciones teológicas o teleológicas. A veces, cuando leo un ensayo de Borges sobre “Pascal” o “La esfera de Pascal”, “Refutación del tiempo”, no puedo dejar de sentir la sensación que va de realidad a irrealidad o ficción; de la misma manera -a la inversa- al leer un cuento como el “El jardín de los senderos que se bifurcan”, “Pierre Menard, autor del Quijote” o “Tlön, Uqbar, Orbis Tertius”, experimentar la ficciòn como realidad. ¿Es ilusoria la división? Ficción como realidad o realidad como ficción. Creo, esta es una de las cualidades -entre otras- de las creaciones maravillosas y fantásticas en la obra Borgesiana. Elaboradas con ese lenguaje laberìntico-metafìsico o lògico-fantàstico.



A veces, experimento cierto agobio al seguir a Borges en sus perplejidades metafìsicas o teológicas, pero el resultado al final, es gratificante. Cierro este primer comentario con las palabras de Octavio Paz en torno a Borges:



A través de variaciones prodigiosas y de repeticiones obsesiv as, Borges exploró sin cesar este tema único: el hombre perdido en el laberinto de un tiempo hecho de cambios que son repeticiones, el hombre que se desvanece al contemplarse ante el espejo de la eternidad sin facciones, el hombre que ha encontrado la inmortalidad y que ha vencido la muerte pero no al tiempo ni a la vejez.” O. Paz “Convergencias” Ed. Ariel 1991





Ahora bien, pasando a tu lectura comentada del cuento: “La casa de Asteriòn”, te comparto mi lectura que, en cierta forma, difiere de la tuya. Trataré de ser breve y, espero, no parecer tedioso. Si pudiera reducir a unas cuantas palabras mi lectura del cuento de Borges, lo llamaría: “Asteriòn y su laberinto de la soledad” ¿Por qué? Creo, Borges acude a un recurso literario que consiste en servirse del mito “Teseo y el Minotauro”, para la creación y recreación de una obra literaria y, ¿Por qué no?, otro mito literario. La literatura se ha alimentado a lo largo de su existencia de la recreación literaria de otros mitos. Dice Borges: “La historia universal es la historia de la diversa entonación de algunas metáforas.” Igual se podría decir: “La literatura es la diversa recreación de algunos mitos” Hablando de ficciones literarias, es válido. Bien, efectivamente, hay una referencia literaria al mito, de Apolodoro; pero al incorporarla al cuento (así sea verosímil o inverosímil), como suele hacerlo Borges en sus narraciones, ésta forma parte ya, de lo fantástico. Ulysses, tengo la impresión, que tu lectura intenta ceñirse o ajustarse al mito clàsico, de ahí las dificultades o contradicciones en tu lectura. No hay nada que justifique a Teseo como un “redentor cristiano”, tú mismo lo dices, no es nada convincente. Borges era escéptico en cuestión de religión. Tampoco creo que la narración se desarrolle como acertijos, más bien creo que los recursos de Borges son la parábola, hipérbole o la paradoja. ¿Quién es Asteriòn? Es un ser omnisciente y creador (¿Un Dios?), que habita su casa-universo-laberinto cuyas puertas son infinitas (no tienen cerraduras) y no es un prisionero como Minotauro. Asteriòn es un soberbio, misántropo y tal vez, loco. Asteriòn, nos dice, que estas acusaciones son irrisorias, pero no que sean falsas; “que está capacitado para lo grande”. “Su casa es el mundo y todas las cosas se repiten infinitamente: aljibe, patios, abrevadero, pesebre, también los mares y templos son infinitos. Todo se repite infinitamente, solo dos cosas están una sola vez: el sol y Asteriòn." El Asteriòn del mito: Minotauro. Asteriòn es un ser creador omnisciente: “Quizá yo he creado las estrellas y el sol y la enorme casa, pero ya no me acuerdo.”La narración es el soliloquio de un ser omnisciente y creador en la quietud y soledad de su casa-universo-laberinto con puertas, y algunas cosas que se repiten infinitamente. Es un soliloquio en el que, a veces, dialoga y juega con el otro Asteriòn: el Minotauro. Asteriòn es un ser que vive con terror su soledad y la infinitud de su casa-laberinto.



El terror cíclico del sacrificio de nueve hombres cada nueve años (a diferencia del Minotauro,que le sacrifican 7 mancebos y 7 doncellas anualmente.) ¿Mito del eterno retorno?. Asteriòn, a la espera de la llegada de su “redentor” que lo salvará (no en el sentido cristiano) de su eterna soledad y de su infinito universo. En esta narración, se da una de las obsesiones recurrentes de Borges: Su terror a los universos infinitos, de la misma manera que el terror que experimentaba Pascal. Nos lo dice Borges en su ensayo sobre “La esfera de Pascal”: “Una esfera espantosa, cuyo centro está en todas partes y la circunferencia en ninguna.” Otra frase que se le atribuye a Platón: “…esa esfera intelectual, cuyo centro está en todas partes y la circunferencia en ninguna, que llamamos Dios…”




Octavio Paz decía que, cuando empezó a publicar Borges sus primeros cuentos y ensayos en la década de los 40s del siglo pasado; su nombre era una contraseña para algunos iniciados y su obra el culto secreto de unos cuantos adeptos. Han pasado más de sesenta años y me pregunto ¿Sigue siendo Borges un autor para minorías? La obra de Borges exige mucho al lector y seguirlo en sus perplejidades y construcciones laberintico-metafísicas o lógico-fantásticas, no deja de ser algo agobiante. Pero al final, es sumamente gratificante darse cuenta de la perfección de sus objetos verbales y también de su prosa brillante y maravillosa para abordar los temas que son propios del universo borgesiano. Si algo distingue a Borges y su obra: es su carácter excéntrico y universal, que trasciende los nacionalismos de la literatura y asimila (para beneficio de nuestra literatura hispanoamericana), las diversas corrientes literarias: las del Extremo Oriente, las de la India, las árabes y las persas y, por supuesto, también la Occidental.



Borges el inquisitivo interrogó al mundo; su duda fue creadora y suscitó la aparición de otros mundos y realidades (…) La literatura tiene sólo dos temas: uno, el hombre con los hombres, sus semejantes y sus adversarios; otro, el hombre solo frente al universo y frente a sí mismo. El primer tema es el del poeta épico, el dramaturgo y el novelista; el segundo, el del poeta lírico y metafísico.” Octavio Paz “Convergencias” Ed. Ariel 1991.




En los diálogos entre Borges y Ernesto Sábato (grabados por Orlando Barone) dice Borges: “La idea de un ser perfecto, omnipotente, todopoderoso es realmente fantástica”. Y cuando Sábato le pregunta: “Pero dígame, Borges, si no cree en Dios ¿por qué escribe tantas historias teológicas?”. Responde Borges: “Es que creo en la teología como literatura fantástica. Es la perfección del género”.
Pasando a otra cosa, que es lo que quería compartirles: es un poema de Borges que nos revela a otro Borges, sin las incertidumbres metafísicas y sus disquisiciones teológicas. Un Borges màs terrestre–por decirlo de algún modo- , con más certidumbres en torno a los temas que fueron objeto en su obra literaria, en la que no nos ofrece espejos laberínticos o metafísicos para intentar reconocerse en ellos. Si no, que nos ofrece un espejo (la poesía y el arte en general) como forma de reconocernos, como revelación de nosotros mismos y de nuestra vida. Certidumbres en torno a la vida y la muerte, la vigilia y el sueño, lo perenne y lo inmortal. Me gustaría comentar el poema, hermoso en verdad, pero se los dejo para que disfruten su lectura. Saludos





(“ARTE POÈTICA”, El hacedor)
Borges
Mirar el río hecho de tiempo y agua
Y recordar que el tiempo es otro río,
Saber que nos perdemos en el río
Y que los rostros pasan como el agua.

Sentir que la vigilia es otro sueño
Que sueña no soñar y que la muerte
Que teme nuestra carne es esa muerte
De cada noche, que se llama sueño

Ver en el día o en el año un símbolo
De los días del hombre y de sus años,
Convertir el ultraje de los años
En una música, un rumor y un símbolo.

Ver en la muerte el sueño, en el ocaso
Un triste oro, tal es la poesía
Que es inmortal y pobre. La poesía
Vuelve como la aurora en el ocaso

A veces en las tardes una cara
Nos mira desde el fondo de un espejo;
El arte debe ser como ese espejo
Que nos revela nuestra propia cara

Cuentan que Ulises, harto de prodigios,
Lloró de amor al divisar su Ítaca
Verde y humilde. El arte es esa Ítaca
De verde eternidad, no de prodigios.

También es como el río interminable
Que pasa y queda y es cristal de un mismo
Heráclito inconstante, que es el mismo
Y es otro, como el río interminable
.